Enfermedades terminales
"Me acostumbraba a olvidarme de mi aspecto y de mis sueños. Iba dejando de tener importancia el olor de los meses, las visiones del porvenir y se iba agigantando cada gesto de Gloria, cada palabra oculta, cada reticencia de Román. El resultado parecía ser aquella inesperada tristeza".~Laforet Carmen, Nada.
Nací entre la hiedra, hija de pasión y venganza.
Me tomaste porque pensaste que estaba muerta, pero yo fingía como animal.
Me dejé llevar por el aroma a bohemia y el pase a un neonato universo, por la representación y no por la real esencia maldiciente que, puedo decir en mi defensa, yo desconocía porque ésta yacía oculta entre el arte.
Caminé tu senda hasta que descubrí que no concluía en mi destino.
Pero al decidir irme, se volvió laberinto con paredes de nostalgia y permanecí, llorando fielmente cada día durante el año concluso.
Y no salí hasta que guardé suficientes lágrimas para crear un mar en el que escapar nadando, aún con la comezón en la piel de mi propia sal.
Entonces, ya fuera y asida a un pasado que antes había permanecido casi inmóvil, casi sin brillo; actué como juez y te obligué a permanecer en un limbo obscuro que no sé si es más o es menos cruel que aquel laberinto.
Dejaste de existir gradualmente y después renaciste con otros ojos. Con otros seis ojos.
Yo ya no clamaba venganza, ni nostalgia, ni odio, ni amor. Deje de sentir, como cuando me raspé tantas veces las rodillas para subir a la azotea y mirar el cielo de Julio mientras inhalaba el dolor.
Las cinco de la tarde era la mejor hora para subir.
Ahora sueño expresionismo obscuro sin personajes, sueño presagios funestos, sueño signos.
Y me pregunto si te has liberado del limbo y has encontrado quién cante con tu voz y dance con tu vida.
El viento vehemente me golpea la cara como cuando he viajado en motocicleta. Tengo el mismo temblor en el vientre de entre miedo y excitación que en la moto, porque estoy a cuatro pisos de la tierra. Soy libre, todo el universo cabe en mis lánguidas manos.
Aquí el piso es rojo, el cielo gris y a veces, viceversa.
Ya no pertenezco, me he quitado la condena de mi propio odio.
¿Qué opinas?