Ángel Mórbido

diciembre 03, 2011 0 Comments A+ a-

Sabía desde las 7 de la mañana de este gélido sábado, que quería escribirte algo otra vez (quizá más bien desde las 5 de la mañana, es que no me acuerdo).
No tanto porque tú te lo merezcas, si no porque me lo merezco yo.
Pensé en varías formas de redactar esto y en cómo lograría hacer que lo leyeras. Lo pensé mientras decidía qué iba a escribir y qué hacer en ese rato de mi vida.
Saqué el único cuaderno de mi mochila, pero no una pluma; así que tuve suficiente tiempo para arrepentirme de comenzar a escribirte.
Guardé todo de nuevo en mi mochila y salí de ahí camino a casa.
Al salir, él me dijo “¡Tienes una cara qué bueno!”
Yo me reí sin ganas.
¡Y es que si me hubieras visto te hubieras asustado!
La verdad es que en todo el camino no pude escribirte nada, por diversos motivos; uno de ellos es que me estaba durmiendo y otro si es que ese no basta, es que no quería que alguien me viera tan perturbada como seguro luzco ahora que escribo esto y me como una crayola verde (las verdes son mis favoritas).
Y como podrás darte cuenta, hasta ahora no te he escrito algo en sí, algo que tenga que ver con lo que siento por ti. Te he contado todo lo que quizá ya sabes o lo que quizá ni tiene que ver contigo.
Es tanto lo que quiero decirte que de tanto pensarlo, se me olvida, y después a la hora de escribirlo, unas cosas se derivan de otras y termino contándote sobre de que mis crayolas favoritas para comer son las color verde.
No tengo idea de cómo empezar a platicarte todo este debraye; y comenzar con un… “el 10 de diciembre  de 1995…” me parece exagerado. ¿Tú cuándo dices que naciste? Siempre lo olvido.
Espera, ya recuerdo: si de algo sirve, sé que es en el mismo año que yo, el mismo mes que mi abuelita Soledad y el mismo número de día que mi tío José Luis. Si así es, ese día cumples 17 años.
Y yo seguiré teniendo 16 (que aún no cumplo, pero para ese entonces ya los habré cumplido) y así sucesivamente, tú siempre siendo mayor que yo un medio año (creo, porque no tengo ganas de hacer cuentas).
Y espero para ese entonces seguir conociéndote y queriéndote y todo eso. Y espero lo mismo para en unos 20 años o para en toda la vida. No sé, por ahora creo que contigo es suficiente.
También me estuve preguntado en qué tan agradable es la idea de que fueras mi novio (podrás imaginarte desde qué momento me he planteado eso; creo que lo sabes) y al principio, mientras iba abstraída pensando en cada detalle de lo que ganaríamos y lo que perderíamos, advertí que la idea quizá no es la más sensata ni la mejor. Entonces pues, decidí dejar de materializarte en mi cabeza como mi novio.
Y hoy en casa, tenía un frio tan brutal que decidí salir a la calle un rato, sólo a que me diera un poco el sol que tiene ya días que no saludo. Al primer paso que di fuera de la casa, al primer respiro de aire del exterior, al primer momento en que yo y el sol nos reencontramos; sentí que me abrazabas y que yo por fin te besaba y decidí que sí quiero ser tu novia. Y que quiero serlo de manera más sincera de lo que he querido serlo de alguien antes.
¿Y para que te miento? Sí, me haría muy feliz ir diciendo por ahí que de todas yo fui la que te consiguió y que soy yo la tipa más afortunada que conozco porque soy yo la que tú elegiste.
 No puedo pensar en algo que me cause más felicidad que imaginarme escenarios contigo. Imaginarte conmigo e imaginar cómo te imaginarías tú conmigo. Ni mi idea de vivir en Suiza me hace tan feliz como tanta fantasía mía junto a tí. Me gustas casi tanto como el olor a concierto de Rock; esa combinación de nicotina con alcohol y cuero que no sé si conoces. Me gustas casi tanto como la leche saborizada de fresa o casi tanto como meterme en mi cama calientita a dormir. Me gustas casi tanto como el tiempo que estoy contigo.
Cada vez estamos peor. ¿Estamos? Sí, estamos. O quizá es que cada vez estoy yo peor y tú mejor; que luego te veo y pienso que eres el tipo más guapo (que ultimamente tus ojos me pierden) y perfecto que he conocido y que luego me miro y yo y pienso que soy yo la tipa más pandrosa y paranoica que has conocido.
Simplemente mírame redactar esto… mientras me como mi crayola.
Y no sé, estoy esperando que leas esto de alguna manera. Qué sencillo sería terminar de escribirlo e imprimirlo, meterlo en un sobrecito y dártelo como una carta; o ser más tecnológica y mandártelo a tu correo. Pero no. Voy a postearlo en mi blog y esperar que lo leas, aún consciente de lo poco que te gusta leer y de la flojera que sé que te causarán tantas letras; así que si llegas hasta este punto: ¡Felicidades!. Y si no llegas, no te preocupes, este es el segundo punto: ¡Gracias! Aunque obviamente si no llegas al primer punto, no llegarás al segundo y mucho menos a este: Te quiero locamente, más que a todo, más que lo que he sido y a lo que soy y lo que quiero ser contigo. No sé cómo decirte cuanto significas para mí sin usar como base los clichés de los enamorados modernos; no sé como quererte adecuadamente o lograr que me quieras como yo a ti. No sé cómo voy a decirte todo esto; no sé si quiera si voy a decírtelo.
No sé como dejar de escuchar esa canción tuya que tanto me enferma y no sé cómo dedicarte la canción del mismo disco que cómo me gusta.
Quizá no eres tú el que va a terminar casado conmigo, pero eres tú el que ahora está más cerca de borrarme la idea de que el "amor" no es más que dopamina. Porque "te quiero" tanto que estoy escribiendo aquí que te quiero y usando tanta retórica como puedo para que esto parezca tener la seriedad que no tiene.
Aunque estés medio estúpido, aunque seas medio raro y aunque me ignores a veces. Aunque ames a 500 tipas y no haya nada en mi que no puedas encontrar en cualquier otra de esas, o si no, al menos algo que se le parezca; aunque no me "esperes" cuando no puedo alcanzarte y aunque no pueda yo abrazarte.  Aunque no te gusten nada de lo que me apasiona a mí. Aunque todo. Aunque todo te adoro y te amo y todas esas cosas que mi mamá no me cree capaz de hacer. Pero no le digas, quiero que siga creyendo que no tengo sentimiento alguno.
Sé que no llegaste a leer hasta acá.
pero quizá alguien que te conozca lo leerá y te dirá “¿Adivina qué? Le gustas a Pau” y tú dirías “¿Qué?” y le exigirías una explicación y etcétera. Para evitarnos esos problemas:
Sí llegaste hasta aquí o no, no importa, yo te quiero. Sí me quieres o no, no importa: yo te quiero.
Sí me besas  o no, no importa, yo te quiero.
Sí algún día te vienes a recorrer la vida conmigo o no… bueno: Igual te quiero y nada más me importa.

¿Qué opinas?